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Para muchos, lucir una piel suave, tersa y bonita es muy importante. Además de las cremas faciales, corporales y tratamientos de belleza varios que existen actualmente en el mercado, podemos conseguir este propósito cuidando nuestra alimentación. La toma de unos alimentos u otros puede incidir en el nivel de oxidación de nuestro organismo y, por tanto, influir en el estado de nuestra piel.La oxidación es un proceso totalmente natural que se produce en nuestro cuerpo al realizar actividades tan cotidianas como caminar, respirar o comer, entre otras. Esta oxidación se genera por la formación de radicales libres. Éstos son células incompletas que, como nos explica la dietista-nutricionista “les faltan electrones y buscan estabilizarse dañando, como consecuencia, a otras células sanas, desestabilizándolas y convirtiéndolas también en radicales libres”.

La alimentación, la mejor defensa La consecuencia directa del efecto de estos radicales libres y, por tanto de la oxidación, es que se produce un envejecimiento celular, es decir, se genera un desgaste de los órganos y de la piel. Por ello hay que tener cierto cuidado con un exceso de oxidación puesto que, como nos advierte la experta, éste “aumenta el riesgo de padecer enfermedades degenerativas como el cáncer o la demencia”.

Nuestro cuerpo es muy sabio y tiene sus propias defensas contra este proceso. Para neutralizarlos, diariamente genera enzimas antioxidantes. Sin embargo,  “si hay exceso de radicales libres nuestro cuerpo es incapaz de neutralizarlos todos”, nos explica la especialista. La mejor solución entonces es “recurrir a ciertos nutrientes que actúan como antioxidantes” y que podemos encontrar en multitud de alimentos que tenemos al alcance de nuestra mano.El mejor antioxidante: comer de todo Son muchas las vitaminas y nutrientes que combaten el envejecimiento de nuestras células. La experta nos detalla los más importantes: “vitaminas como la C y la E, minerales como el selenio, el cobre o el cinc y fitoquímicos como el betacaroteno o pro-vitamina A, los flavonoides y las isoflavonas”. Cada uno de ellos lo puedes encontrar en  algún tipo de alimento: verduras, frutas, pescados, aceites, etc.

Realmente no podemos afirmar que un solo alimento sea el mejor antioxidante posible. La clave está en comer de todos para hacer tu dieta equilibrada y mantener tu organismo lejos de los radicales libres

Si tu dieta es insuficiente en estas sustancias o si tu sistema tiene un exceso de radicales libres deberías tomar algún suplemento para destruir los agentes oxidantes. Vamos a comentar alguno de estos antioxidantes:

  • Carotenoides: aquí se incluyen los distintos tipos de estos antioxidantes (betacarotenos, luteína, etc.) Abundan en las zanahorias, espinacas, albaricoques, tomates, calabazas o zapallos, papaya, melones y brécol.
  • Coenzima Q-10: cacahuetes y aceite de soja o soya.
  • Selenio: las nueces, los ajos y las semillas o pipas de girasol son algunos de los alimentos antioxidantes más conocidos.
  • Vitamina C: la encontraremos en frutas y verduras. Destacan: el pepino, pimiento, la papaya, el melón, las coles de Bruselas, el brécol, las fresas, naranjas, limones, kiwis y los tomates.
  • Vitamina E: los aceites vegetales (de soja, girasol y maíz) y), los frutos secos, las semillas y los cereales (destaca el germen de trigo) son los alimentos más ricos en antioxidantes como la vitamina E.
  • Zinc: dentro de los vegetales destacan las semillas de calabaza o zapallo y los frutos secos y cereales.
  • Ácido elágico: açai, granada, kiwis, fresas, frambuesas y arándanos.
  • Capsicina: los alimentos antioxidantes que destacan por su aporte en este tipo de antioxidantes son la Pimienta de Cayena, los Pimientos, los Chiles y los Ajíes.
  • Catequinas: destaca el té verde y el cacao.
  • Compuestos azufrados: el puerro, el ajo, y la cebolla.
  • Hesperidina: los alimentos más ricos en estos antioxidantes son los cítricos.
  • Licopeno: el tomate es quizá el alimento más rico en este nutriente.
  • Luteína:
  • Quercitina: el Té verde, las uvas, el brócoli, la cebolla, el vino tinto y las cerezas.
  • Taninos: el vino tinto destaca por su gran aporte en este tipo de antioxidantes. Las uvas consumidas con su piel (bien lavada) también tienen un altísimo aporte.
  • Zeaxantina: las calabazas o zapallos, las bayas de Goji, las espinacas y el maíz son los alimentos antioxidantes más representativos.

 

Los radicales libres son átomos, por lo general de oxígeno, altamente reactivos e inestables, que se liberan cuando el alimento es metabolizado en nuestras células para producir energía. También se producen por influencias externas cuando nuestro organismo recibe el impacto de diversos contaminantes o radiaciones. La inestabilidad de los radicales libres se debe a que han perdido uno de sus electrones e intentan reponerlo tomándolo de otros átomos. Esto crea una reacción en cadena que ocasiona grandes daños a nuestras células, que se manifiestan en envejecimiento y un buen número de enfermedades.
Además del metabolismo celular, existen otras fuentes de radicales libres tales como: los rayos ultravioletas del sol, los escapes de los automóviles, la contaminación ambiental, el humo del cigarrillo, metales pesados de los alimentos, en general la mayoría de sustancias nocivas para nuestro organismo.

Por otra parte, los radicales libres también se unen a varias sustancias químicas del cuerpo, entre las que se encuentra el ADN, provocando daños en las mismas. Se estima que el ADN de cada célula es golpeado unas 10,000 veces cada día por radicales libres. Nuestro cuerpo posee una serie de mecanismos biológicos para desactivar estos radicales libres y otros destinados a reparar el daño causado por estos. Sin embargo con el paso de los años se van acumulando daños que no pudieron ser reparados debido a ineficiencias del sistema. Los mecanismos de reparación de daños también van disminuyendo en efectividad con lo cual la acumulación de daños se acelera. Eventualmente los daños que se producen superan por mucho la capacidad de reparación del organismo. El resultado de todo esto es que nuestro cuerpo se torna menos funcional al igual que más débil y vulnerable ante las enfermedades. El primer paso en esta dirección parece ser la creación de radicales libres a una velocidad y en una cantidad que supera la capacidad del cuerpo para liberarse de ellos. A esta condición se le conoce como estrés oxidativo. Se ha estimado que el estrés oxidativo contribuye al desarrollo de más de sesenta enfermedades degenerativas tales como: artritis, cataratas, cáncer, alzhéimer, párkinson, condiciones cardíacas, problemas del sistema inmunológico y del sistema nervioso.

Ya que los radicales libres son tan dañinos para el organismo la naturaleza ha diseñado un sistema para neutralizarlos. Se producen dentro de la célula sustancias denominadas “antioxidantes” que son las encargadas de convertir a los radicales libres en moléculas que ya no son dañinas. Los antioxidantes no solo se producen dentro de la célula sino que también pueden ser ingeridos en la alimentación. Los alimentos más ricos en antioxidantes son las frutas y las verduras crudas.

Cuando el cuerpo enferma o envejece se produce un gasto fuerte de antioxidantes por lo que es necesario procurar que la dieta sea lo más rica posible en los mismos. Los antioxidantes aportados por la alimentación más conocidos son la Vitamina C, los beta carotenos, la vitamina E, flavonoides y bioflavonoides (Xantonas), el selenio pero existen algunos más. Hoy en día se conocen perfectamente muchos de ellos.

Se ha demostrado en un gran número de trabajos científicos que consumir dichos antioxidantes en dosis superiores a las que aparecen normalmente en los alimentos y a las consideradas convencionalmente como mínimas, reduce considerablemente la incidencia de las citadas enfermedades degenerativas, se aceleran los procesos de curación del organismo y se reducen de forma importante los efectos secundarios de tratamientos agresivos como por ejemplo los corticoides, los antibióticos, los antiinflamatorios no esteroides, la quimioterapia, la radioterapia, etc. Muchas veces dichos tratamientos no producen efectos secundarios apreciados a simple vista pero sabemos perfectamente que son causa de estrés muy diverso sobre órganos fundamentales (hígado, riñón, corazón, etc).

El sistema de vida urbano, invadido por productos químicos tóxicos, y la velocidad acelerada hacia ninguna parte, causante del estrés y el cansancio, constituye un óptimo nido de generación de radicales libres.
Para echar una simple mirada global sobre el panorama, podemos decir que en la nutrición, nuestros mayores enemigos son:
La mayoría de los aditivos químicos (conservantes, colorantes, espesantes, edulcorantes, saborizantes, etc.) en los alimentos en conservas y embutidos; las grasas animales y la de los aceites y mantequillas calentados al fuego o por hidrogenación; alimentos tostados o quemados (en las barbacoas, en la plancha o simples tostadas un poco pasadas); bebidas alcohólicas; café, sodas y gaseosas; los pesticidas en las frutas y verduras; los azúcares refinados… Factores químicos como: la contaminación en el aire; los humos de los coches; el tabaco (por inhalación directa o indirecta); ciertos componentes en perfumes y cremas para la piel, champús y jabones; pinturas; detergentes para la ropa y productos para la limpieza de la casa.
Radiaciones del sol (especialmente a mediodía, más directo); campos electromagnéticos (postes de electricidad cercanos, excesiva exposición a la pantalla del televisor o el ordenador), rayos X, etc.